martes, 1 de abril de 2014



EL VISOR DE LO CONSCIENTE 
UN CINE SIN DIGERIR

Por Jan Kotoja

El cine pareciera ser el espejo en el cual se plasma esos estados de ánimo, de consciencia, de conductas aprendidas y de cómo podría cambiar el mundo a nuestro alrededor. Viéndonos inmersos por una parte en un cine de industria de divertimento, de indigestión en serie; pero por otro lado de un cine más loable, analítico y crítico para el público.

Desde pequeños cineclubes formados por minorías de cinéfilos, aficionados, curiosos, estudiosos e intelectuales que se reúnen para ofrendar un culto casi divino al cine, hasta las grandes salas de Procinal, Royal Films, Cinemark, y Cine Colombia, formando un público menos crítico y más complaciente de una industria que como la de Hollywood envuelve en una embolia cerebral a sus espectadores sin pasar por el visor de lo consciente.

Es cierto que se ha querido mostrar un nuevo lenguaje cinematográfico más realista y que comprometa más al espectador en lo narrativo y argumental, pero también es claro que las grandes productoras miran primero es la taquilla y la recaudación de la misma.

Arriesgarse hacer una gran película, con la total independencia del caso, con las locaciones requeridas y los actores que se deseen es prácticamente firmar una quiebra de por vida.

No estamos acostumbrados a ver un cine que nos lleve mas allá de lo que el director nos quiera enseñar, si no de la inmediatez queremos ver y ya. Consumir una película que sale en cartelera y luego la otra como una moda que no incomoda pero que nos deja al fin y al cabo lisiados de la imagen, parapléjicos del argumento y mutilados de la narrativa.

Sin embargo, en el caso de los cinéfilos, aficionados e intelectuales se ve el cine con un sentido más cercano, bergmaniano, y trascendente; lo que lleva a los sentidos cerca de la percepción y a la razón de la naturaleza humana.


El Proceso-Anthony Perkins

En el caso del cine colombiano es ver más el afán de parecernos a un cine hollywoodesco, fácil de digerir, que no tome mucho tiempo de entender, un cine comercial valorado más en lo técnico que en lo narrativo, porque de historias tomará un largo viaje al pasado para superar los fantasmas de la droga, la guerrilla y los narcos.

Solo queda esperar en estas nuevas generaciones de cineastas que incurran en un cambio de hacer cine.

Aunque no haya mucho que inventar a nivel cinematográfico, el cambio estará en la manera en que se cuenten esas historias sin mirar tanto la recaudación de una película.

Termino diciendo como afirmaba el Padre Luis Alberto Álvarez, crítico pionero de cine en Medellín
“la importancia de una película no reside, pues, en que de repente sea vista por grandes masas (…).Es importante, en cambio, que la gente se reconozca, que su mundo y sus necesidades, sus anhelos, su dolor y su placer sean captados con fidelidad, que el entretenimiento, el gozo, la risa, el llanto, la compresión y la emoción no sean mecánicos, no alienen, ni estupidecen”.