lunes, 14 de noviembre de 2016

Pieza incompleta para un cuerpo virtual 

Pieza incompleta para un cuerpo virtual en tres actos, explora las relaciones entre cuerpo, conciencia y tecnología poniendo en escena la reproducción de significantes de nuevos lenguajes creados desde las interfaces y las posturas corporales que detonan. Y observar como esas tecnologías del poder y esos discursos culturales en los que se enmarca el pensamiento, son constitutivos en las formas de pensar, representar y experimentar el cuerpo en la contemporaneidad. Está pensada para la cámara y como se fragmentan esos cuerpos.






Para Kant, lo real es lo que percibimos gracias a la pantalla que constituyen las categorías trascendentales; por el contrario, para Hegel, la pantalla nos separa de lo real, generando una idea de lo que es en sí mismo, más allá de la apariencia, de tal manera que la distancia entre apariencia y la cosa siempre es algo ya dado para nosotros. Como consecuencia, si a la realidad le restamos la distorsión de la pantalla, perdemos la realidad misma; por lo tanto la realidad virtual pertenece a la realidad misma.


En el primer acto ocupará un lugar en el espacio, allí nada más se verá inmerso en su realidad virtual y en la interface que lo mantiene conectado. Hará un reconocimiento de su propio cuerpo a partir de su realidad fragmentada.
En el segundo acto ese cuerpo se materializa y se desinhibe, ya no es un cuerpo pensado para el medio, es un cuerpo pensador del medio.
En el tercer acto ese cuerpo es mediado por otro cuerpo virtual dentro de otra cámara que lo observa. Y que se conecta desde un ordenador con otro cuerpo mediado por lo virtual.




Michel Serres piensa que incluso ha nacido un nuevo ser humano: “la pulgarcita”, que se comunica tanto con los pulgares como con el resto de instrumentos tradicionales. Pulgarcita y pulgarcito viven en una sociedad en red, están creando un orden nuevo y se quedarán atrás los viejos gruñones que no lo entiendan. La derecha no lo acierta a comprender, pero muchos representantes de la izquierda clásica tampoco. 

La producción del acción arte que inclusive podría ser llamada “danza para la cámara”  abre una nueva mirada hacia la representación, allí donde convergen el espacio, el tiempo y la memoria como vehículo de temporalidad.